Sin vivienda, no hay libertad

Por Joan Uribe // Publicado originalmente en catalán en LaDirecta 20 de julio de 2016 //

No hay cambios, ni se esperan: la del acceso a la vivienda, es todavía la historia de una lucha que seguiremos arrastrando por mucho tiempo.

Y eso a pesar de que lo que entendemos como hogar -el espacio en el que habitamos y en el que desarrollamos nuestra privacidad y intimidad-, viene a ser, como proponen varios autores, una invención de la burguesía, en gran parte de la Europa del siglo XIX, como respuesta a los supuestos riesgos de “exterior”, de las calles y plazas como espacios públicos inhóspitos, llenos de peligros no sólo físicos, sino también morales, y ante los que sólo cabía el refugio en un hogar blindado el acceso de las normas exteriores, de los usos comunes, de los excesos. Una salvaguarda en relación a un espacio compartido, a veces y en según qué lugares, con lo que esta burguesía entendía como “chusma”.

Esta idea, incorporada por algunos pensadores de la Francia del siglo XIX, que no por bienintencionados eran menos temerosos ante el riesgo de toma de las ciudades por parte de la clase trabajadora, dio paso, según el filósofo francés Lefebvre, al nacimiento del hábitat.

Es ésta una palabra que se utiliza hoy como moneda de cambio para todo (vivienda, hogar, casa, barrio, zona y entorno en el que vivir), pero que nació con una vocación muy concreta: la de proponer a la clase trabajadora que vendiera su alma al diablo del mercado y de la propiedad privada. ¿Cómo? Muy sencillo. Los terratenientes, los poseedores del capital, ofrecerían a sus trabajadores la posibilidad de tener sus propias viviendas. Las comprarían a un módico precio dejando así de depender de su propio empleador, reduciendo parte de su servidumbre y abriendo paso a la posibilidad de una relativa libertad futura. A cambio, las masas obreras serían desplazadas en las periferias donde se les construirían hábitats, es decir, urbanizaciones enteras, pensadas y diseñadas para posibilitar el cobijo y una cierta individualidad, pero ajenas a la dotación de espacios y contextos de socialización . Fue el nacimiento del suburbio, barrio trabajador, periferia, conjunto residencial, polígono residencial, ciudad satélite, barrio periférico, barraquismo vertical, pabellón o ciudad dormitorio: este entorno de edificaciones en los que “sólo se va a dormir”, en los que “los vecinos no se conocen”, ni lo necesitan, pues, por otra parte, allí “no se hace vida”.

De esta manera, se logró neutralizar en cierta medida “la nerviosidad” de la vida moderna en las ciudades de la que nos hablaba Simmel, lo que se explica como la constante creación y recreación del hecho social, conformando a través de cada interacción y por la suma de las mismas. Un dinamismo que, en un sentido Simmel, hace de lo urbano algo que no tiene que ver con el orden político. Por el contrario, las masas obreras debían centrarse cada día más en la producción a cambio del precio de la vivienda, en sobrevivir en un hábitat hostil a la generación de tejido social, enrocándose más y más en las lógicas del valor de cambio, desconectándose del valor de uso de la ciudad.

Aquí se forjó el inicio de la actual relación especulativa entre el suelo y la vivienda. Desde entonces, y de manera generalizada, no ha dejado de alargarse el camino para el reconocimiento de la vivienda como un derecho y no como un segmento de mercado.

No deja de tener cierta ironía que la agencia de Naciones Unidas relativa a la vivienda se llame Hábitat, tomando como referencia el concepto que basa su razón de ser en la ruptura de lo urbanizado como contexto de socialización, pero reformulado , en el siglo XXI, bajo un concepto de ciudad basada casi exclusivamente en horizontes de sostenibilidad económica, conectividad y eficiencia. Así, este hábitat olvida las personas y sus necesidades, problemas y deseos de ser y vivir en comunidad, de forma libre y conforme a sus derechos, como la clave central de lo que debería regir la construcción orgánica de la ciudad.

Un repaso por algunos elementos actuales vinculados a la vivienda y al derecho a su acceso y mantenimiento, dibujan la crudeza en la que todavía se manifiesta esta lucha: no deja de aumentar el número de personas a las que etiquetamos de excluidas residenciales. En muchas de ellas, desde esta privación a su derecho a tener donde habitar, las acabaremos situando bajo una de las peores etiquetas existentes: la de excluidas sociales, desde la que los efectos del estigma harán mella, denigrante sus opciones personales a seguir aspirando a tener derecho a la vivienda y, por tanto, a la ciudad.

15577009724_80e8939220_zMientras esto ocurre, el capital seguirá mercadeando especulativamente con los derechos de las personas, a menudo en forma de operaciones de gentrificación o de, por ejemplo, conversión del ya escaso mercado de vivienda social de alquiler en un mercado libre, algo que está dejando en la calle a miles de personas con necesidad de apoyo del sistema de protección social y que se evidencia, de forma ostensible, en varios países europeos.

Sin embargo, sorpréndase! (… O no), tal como es posible intuir a partir del análisis de algunos estudios recientes, contamos, a nivel estatal, con un marco legal sobre la vivienda que de forma evidente se articula en torno a la su concepción como objeto de especulación y mercancía, y se opone con dureza, por otro, a algunas leyes que desde diferentes ámbitos autonómicos han puesto el foco en el derecho y no en el capital.

Todo esto evidencia hasta qué punto la vivienda es una cuestión de mercado y no de derecho. Y en qué medida el enfoque neoliberal antepone el valor de cambio en el derecho a habitar, a tener donde vivir de manera digna, segura y libre, premisa indispensable para formar parte de una sociedad que no es, ni tiene porque querer ser, más ordenada ni planificable de lo que sus miembros deseen en cada momento, en función de sus necesidades y de sus deseos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s